Train Priest
I.- PORQUE NO.
Porque nos parecemos
puedo aguantar saber
-y quiero torturarnos con-
el presente de lo perdido
por cada uno y por qué.
Nos parecemos tanto.
Por parecernos tanto
no ruego por mucho,
ni existe amenaza,
el reflejo nomás.
Nomás deja que seamos,
nomás dice qué somos.
Y en esta condicionada
e invertida ubicación
aún estamos.
Por parecernos tanto
puedo decir lo de siempre,
también lo bueno y lo malo.
Puede no hacer falta,
puede quebrarlo todo.
Porque ver es escuchar
y estar es decir y gritar
en este amargo lenguaje
de nuestro pulido paseo.
Y de esa condicionada
e invertida compañía
aún bebemos.
No ruego por mucho,
ni existe amenaza
porque lo ocultado,
lo que seguís mostrando,
lo que hiciste y aún debés
lo que todavía te toca
está frente a mis ojos
y detrás mismo también
dentro, entre lo soportado.
Y con esa condicionada
e invertida confidencia
aún contamos.
Para tal conveniencia
de discusión y contacto
-cuando se aborrecen
y celebran los efectos-
cerrar los ojos, pasar al lado,
es horrible, asusta.
Cada uno retoma
esa sed por lo perdido,
esos sentidos tan abrumados,
tan ahogados en tanto mundo.
Se olvida tan rápido la ilusión
(“parecernos tanto”)
Esa de creer que podemos
(y que queremos) vernos
uno al otro/uno en el otro
uno al otro/uno en el otro.
Es horrible, asusta:
se borra la promesa de perdón
a lo no visto en la confusión,
con la réplica del callar
(aunque la vida sea discutir)
que ambos usamos
al mismo tiempo.
Con lo justo de la distancia
en esta afección, este afecto
-que el imposible suma
al resto de nuestros trucos-.
Y por esa condicionada
e invertida evidencia
aún dudamos:
Ver no es lo mismo sin verse.
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