jueves, 5 de marzo de 2009

Casa de retiro

Nota: [ Retorna la crisis de regulaciones a Madstone, huye la celosa conformidad con su censura. Señor, ¿qué será de las delicadas mentiras que le solía traer con tanto aspamento?. ] 

Insert:
"lo que advierte que algo propio 
está siendo dañado
simplemente es una de las formas
de uno de los pasos
insoportables, permitidos
para el estudio sobre quienes somos
por aquellos que pasan el tiempo, los tiempos
probando multiples muecas
de acuerdo a la ley
que eligen descubrir
y luego ocultan
mientras nos devuelven,
sin sentidos,
al nido susurrante
que agredemos y defendemos,
que encontraron y poseen, 
del que nos sacan o nos salimos"

Arrebatos de Lèaud, 19
.
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Casa de Retiro

 Las transformaciones que no alcanzaste a ver -que me supuse habertelas ocultado burlonamente, casi como si fueran a provocarte alguna afección, placentera para mí, y esto fuera lo único capaz de divertirme- han desgarrado mi carne, resecado mi piel y torcido mis huesos dejándome nuevamente a un paso (que aún soy capaz de dar) del enigmático y agónico ensueño, mi inalterable portal  -en el que debo sumergirme sin terminar de fallecer- al impreciso refugio para el intervalo de la regeneracion.


 En reposo puedo hacer cuentas, y mis ganancias no sólo valen menos sino que cada vez son menos; y concuerdan en este final de temporada con la ininterrumpida disminución de mi naturaleza (sépase que esto no permití afectara mi performance). He aquí que las intrínsecamente holgadas posibilidades de la hibridez no alcanzan en este punto para vivir. Ni para sobrevivir, de querer yo volver a mi rudimentaria y escasa existencia de los primeros años, a poco de salir de la feria. 

 De haber un gremio para los de mi clase, alguien mayor en una austera pero coómoda posición podría haberme advertido de las huestes de desastres que conforman el achaque. A su vez el gremio tendría algo esperándome a esta edad para que no se mostrase tan desagradable mi estado u ocultarlo por completo con el apoyo de mi resignado silencio. Pero no.

 Me juré (o debí jurarme) que no llegaría a esta instancia, allá, en la feria, antes que empezara mi carrera. Era tan fácil la compra como la venta de este tipo de vidas. Se decía -del vendedor fue incluso la primera vez que lo oí- que no era buen negocio para emprender con un solo cuerpo, pero esa era su única condición y a la larga nada más el arriesgado puede replicar que no es tan injusto. Muchos cuerpos hubieran significado más cosas dispuestas a ser abarcadas (de por sí una complicación en mayor medida que un beneficio, que admito también es) pero mucho más por perder, mucho más por desaprovechar, aún obteniendo con desidia un mínimo porcentaje de lo asible. En cambio un cuerpo, que nos restringe tiempo y permite pocas fechas de ficción, puede arrastrar todo consigo a costa de ir reduciendo la autonomía y la ligereza de desplazamiento. Lleva a desgastar, encallecer la materia, quierase o no, para habilitar el calce de todos los espíritus a usar, a la vez que los contenga guardados sin conflictos o amortiguando las peleas en lo posible. 

 Debo ser uno de los pocos, no estoy completamente seguro de haber cruzado verdaderos colegas por donde anduve, si bien en aquella feria rondabamos muchos y gran cantidad había mercado cada uno por su cuenta lo mismo que yo (no había otra mercancía ni había otro lugar al que pudieramos acceder).

Tal vez no los encuentro porque a lo que llegaron fue a muertos -por completo y sin sentidos figurados-, la única variante a la condición que pude mantener hasta la actualidad. De ser así es porque no encontraron lo que yo: el atenuante a lo que hace este negocio malo para un solo cuerpo: los intervalos, las transiciones, los dos conjuntos de violentos o progresivos movimientos: transformación y regeneración (respectivamente). Los soporto disciplinado, una disciplinada forma de gusto (concepto que supuestamente no somos capaces de comprender ni practicar los que concurrimos a ese tipo de ferias) por esa especie de castigo insípido de evitarte presenciarlos. Concluyo repentinamente que es en realidad el único espectáculo digno de presentar. No las caras o los discursos o los demonios que pueden adoptarse extraordinariamente, sino el medio, el pasar del límite, el desdibujarse. 

 Lástima darme cuenta recién. Lástima no poder volver a hacerlo en alguna sala más apropiada -o en cualquier lugar que no sea este- y cobrar. Lástima que estés viendo otra presentación en otro lado -no podría cobrarte, es la última, te la debo, nos la debo-. Lástima que no tendrías ganas de ver aunque estuvieras acá aburrida, no la disfrutarías y arruinarías mi disfrute. 
 Lástima no tener gremio. 

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*"Arrebatos de Lèaud" es una serie de, hasta la fecha, diecinueve fotocopias entregadas en mano ciertas tardes de domingo en la Plaza San Martín de la ciudad de Berazategui. Ignoro si continuan desparramándose por esas calles.

martes, 3 de marzo de 2009

Ametrallado

Quisiera que tu rostro
no fuera tan lejano.

Quisiera que el punto
que marco -alevoso-
dijese menos.

Mucho menos.

En ambos casos, el negligente 
sigue teniendo y dejando.

Quisiera detenerlo.

Quisiera hacerlo libre.

Quisiera saber qué quiere
para tener tan lejos tu rostro
y dejar todo el tiempo pistas.

Como si pudieran volver a casa;
como si pudieran irse, por su cuenta,
a cazar tu rostro;
o quedarse ahí callando las trampas (confundidas);
para tener tan lejos tu rostro
y dejar todo el tiempo pistas
como si fuera perseguido.

Quisiera alguna vez haberte visto
-si es que existes y existe tu rostro-.

Quisiera decir que estoy cansado.

Quisiera no saber si existe;

quisiera imaginarme qué tan lejos.

Mucho, trato.

Como lo que creo que dicen las pistas.

Quisiera creerme.