Casa de retiro
Nota: [ Retorna la crisis de regulaciones a Madstone, huye la celosa conformidad con su censura. Señor, ¿qué será de las delicadas mentiras que le solía traer con tanto aspamento?. ]
Insert:
"lo que advierte que algo propio
está siendo dañado
simplemente es una de las formas
de uno de los pasos
insoportables, permitidos
para el estudio sobre quienes somos
por aquellos que pasan el tiempo, los tiempos
probando multiples muecas
de acuerdo a la ley
que eligen descubrir
y luego ocultan
mientras nos devuelven,
sin sentidos,
al nido susurrante
que agredemos y defendemos,
que encontraron y poseen,
del que nos sacan o nos salimos"
Arrebatos de Lèaud, 19.
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Casa de Retiro
Las transformaciones que no alcanzaste a ver -que me supuse habertelas ocultado burlonamente, casi como si fueran a provocarte alguna afección, placentera para mí, y esto fuera lo único capaz de divertirme- han desgarrado mi carne, resecado mi piel y torcido mis huesos dejándome nuevamente a un paso (que aún soy capaz de dar) del enigmático y agónico ensueño, mi inalterable portal -en el que debo sumergirme sin terminar de fallecer- al impreciso refugio para el intervalo de la regeneracion.
En reposo puedo hacer cuentas, y mis ganancias no sólo valen menos sino que cada vez son menos; y concuerdan en este final de temporada con la ininterrumpida disminución de mi naturaleza (sépase que esto no permití afectara mi performance). He aquí que las intrínsecamente holgadas posibilidades de la hibridez no alcanzan en este punto para vivir. Ni para sobrevivir, de querer yo volver a mi rudimentaria y escasa existencia de los primeros años, a poco de salir de la feria.
De haber un gremio para los de mi clase, alguien mayor en una austera pero coómoda posición podría haberme advertido de las huestes de desastres que conforman el achaque. A su vez el gremio tendría algo esperándome a esta edad para que no se mostrase tan desagradable mi estado u ocultarlo por completo con el apoyo de mi resignado silencio. Pero no.
Debo ser uno de los pocos, no estoy completamente seguro de haber cruzado verdaderos colegas por donde anduve, si bien en aquella feria rondabamos muchos y gran cantidad había mercado cada uno por su cuenta lo mismo que yo (no había otra mercancía ni había otro lugar al que pudieramos acceder).
Tal vez no los encuentro porque a lo que llegaron fue a muertos -por completo y sin sentidos figurados-, la única variante a la condición que pude mantener hasta la actualidad. De ser así es porque no encontraron lo que yo: el atenuante a lo que hace este negocio malo para un solo cuerpo: los intervalos, las transiciones, los dos conjuntos de violentos o progresivos movimientos: transformación y regeneración (respectivamente). Los soporto disciplinado, una disciplinada forma de gusto (concepto que supuestamente no somos capaces de comprender ni practicar los que concurrimos a ese tipo de ferias) por esa especie de castigo insípido de evitarte presenciarlos. Concluyo repentinamente que es en realidad el único espectáculo digno de presentar. No las caras o los discursos o los demonios que pueden adoptarse extraordinariamente, sino el medio, el pasar del límite, el desdibujarse.
Lástima no tener gremio.
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*"Arrebatos de Lèaud" es una serie de, hasta la fecha, diecinueve fotocopias entregadas en mano ciertas tardes de domingo en la Plaza San Martín de la ciudad de Berazategui. Ignoro si continuan desparramándose por esas calles.

