lunes, 11 de febrero de 2008

[CiclicAthlon II]

Carnival Song
(Síndrome de Contra-Nova: 2.-Insight)

"El dolor tan humano,
cuya torpeza no le quita convicción,
oculto tras un delgado y traslúcido fantasma.
Lo que puedo soportar
(y no soporto)
Lo que soporté hasta ahora
Y lo que soporte en adelante.
Años enteros en días sin terminar,
años enteros en días huecos
Inútil:
Mis sueños me dejan y estoy de acuerdo."

(Simon Desbardes, 1951).


A mi pregunta en broma sobre la justicia, el padre que nunca tuve perdió el tiempo en vez de gastarlo en decirme u ocultarme que no tenía la menor idea. Aquél hombre en cuya casa abrí los ojos hace ya décadas en brazos de su esposa, se quedó en silencio como en otras oportunidades frente a otras de mis preguntas, silencios y respuestas.

Esta es la parte en donde me equivoco sucesivas veces, con la variante de que me entero, lo acepto y discierno lo inútil y lo necesario de cada una, o por lo menos en su gran mayoría.
Veo acomodarse las cosas a pesar de mis artilugios que antes funcionaban y entretenían. Supongo que ese instante de infalibilidad me volvió caprichoso, ahora las justas fuerzas hacen al mundo parecer una eficiente máquina para vivir. Y su vertiginosidad me aterra al intentar subirme con los demás. Hay leyes y precauciones -algunas de ellas bastante parecidas a casualidades- evidentes, calculadas, probadas, pactadas lo suficiente como para que persista cierto peligro, porque eso es lo atractivo. El poco esfuerzo para lograr nuevas impresiones es abandonado justamente por el terror que es invencible, el pender de un hilo y tener todo pasando alrededor más rápido que el verso de una canción dentro de la cabeza. De pronto encuentro los espacios demasiado amplios como para llegar adonde sea a tiempo, sumado que las horas tienen reserva a su inversión en programas imprescindibles. Son demasiadas las personas dentro de y entre los espacios, juegan de distintas formas y se intercambian contínuamente en cada programa imprescindible. Y razonablemente concuerdan o no, y continuan, prosperan o se reorganizan. No es un solo par de ojos que mira hacia una sola ventana todos los días; aparecer y desaparecer nublado, luminoso o lejano ya no sirve para que pasen esos días. Noto lo barato de tales trucos, lo aburrido, lo tarde de aprender nuevos, o por lo menos lo tarde que es para que los nuevos te agraden o siquiera te quedes a esperarlos el día siguiente.
Entonces entiendo por qué no tengo padre: porque pido que sea uno que traiga desde antes algo, que lo comparta y enseñe a usar tal carga como máscara, curiosamente, espero que un padre tenga a su cuidado a alguien nada más para que continúe con lo mismo, ya planeado, asumido, merecido. Lo que pido por padre no lo tuve, un ser que responda a las preguntas que nunca hice, que nunca me intereso su respuesta en verdad, que me diga quién soy para poder automáticamente negarme -por eso dije antes "curiosamente", bordeando lo cómico tal contradicción-. Así como me negué a mis derechos, a la ofrenda del mundo para que me divierta pero siempre vuelvo a seguir aburriendome y asustándome, así como me negué a los programas imprescindibles, a la concordancia o no, a continuar, prosperar o reorganizarme; así me negué no en pos de una verdad distinta, extraña y profunda, ni siquiera por una rebeldía apasionada, sin pensar las consecuencias, lo que queda, en lo que me convertiría, lo único en lo valía la pena pensar después de tanto: lo que me costaría ser así de caprichoso.
Fuera de toda moral, liturgia y tratado, esa es la respuesta que pongo en los labios y el rostro del padre que nunca tuve a mi pregunta en broma sobre la justicia; porque hasta acá llegué, las completas consecuencias vienen a revelarse y justamente ahora elijo continuar con la transformación, el truco, la ilusión, la desaparición, la estafa y la risa si aún puedo conseguirlas de algún transeúnte. Es una petición apropiada, según lo veo después de esta función de aprendizaje, ya no exagerada ni complaciente con mis verdaderas posibilidades. Según lo veo después de la función de esta noche -a la que asisto de colado y me sirve de aprendizaje- al pararme en la vereda tosiendo dos o tres veces efusivamente y sin taparme la boca con mi caja, las cartas, el mono de trapo y los palos que golpeo, es una petición justa.

Lo que sea que tenga que hacer, lo que sea que pueda conseguir.

Curiosamente, me encontraré otro día con la misma pregunta, seguiré buscando a mi padre y a las personas que puedan jugar de público; me encontraré con otra vida aburriéndome y negándome en este mismo mundo. Con esta capucha y estos zapatos saboreo al ruín por el fín de semana que me parasita, en el parque de diversiones cuya toxina me hace ver. Huelo al noble que se acerca (curiosamente) a dar algún tipo de justicia al fugitivo -prisión o ejecución-, y cuyos preceptos heroicos me enceguecerán obligándome a cantar algo solemne.
Pero todavía no.

Tienen su naturaleza inevitable tanto la vida como la muerte, por más cobarde o temerario que uno sea, pero queda en manos del tramposo el comodín que se conoce como "cambio". El resto de los jugadores tiene para sí su comodín oculto.

sábado, 2 de febrero de 2008

[CiclicAthlon I]


Pleasant Street
(Síndrome de Contra-Nova: 1.- Comportamiento Errático)

Mientras camino en un pseudo-regreso, me descubro nuevamente a tus espaldas separado por unos pocos metros que no llegan a la decena, como lo estuve al venir a esta calle esta tarde. Si cualquiera de los otros indiferentes transeúntes notara tal casualidad y quisiera perder su tiempo en fantasear con las razones de esto, no sería inverosímil creer que yo podría estar siguiendote. Y por el momento, la ocurrencia me devuelve una necesidad tremenda y recurrente -pero nunca antes percibida, ignorada involuntariamente- de que lo aparente fuera lo que sucede. Quisiera estar siguiendote, por la razón que fuera, con los demonios de deseo o de paranoia bebiendo hasta el hartazgo del caldero de mi cabeza, tambaleando y peleando, naciendo y muriendo.
Quisiera estar siguiendote y no que esto sea una curiosidad rídicula en la apertura y el cierre de otra de mi excursiones a la calle de indiferentes transeúntes; no diferente de otras calles con otros indiferentes transeúntes; no diferente la indiferencia de esta calle de la que yo fui parte en otros días de otros años al lado suyo; no diferente esta excursión de las que vengo haciendo hace tanto tiempo en lo que parece un solo día buscándola a ella como sea que pueda o quiera aparecer. Como sea que deba encontrarla; de la forma que más me decepcione y me enfurezca, que haga arder los restos de promesas, esperanzas y temores que me mantienen aún en esta calle de indiferentes transeúntes aguardando revivir o despertar o salir de donde me encerré.
Quisiera estar siguiendote, quisiera eso y renunciar a lo que más enfermizamente vengo pidiendo y más me aterra: encontrarla a ella entre los demás indiferentes transeúntes.