[Ciclicathlon III]
Dream Letter
(Síndrome de Contra-Nova: 3.- Mute)
"Menos mal que oigo
una sola vez tus pasos
cada mañana.
Si hubiera eco,
o te arrepintieras
del abandono,
me derrumbaría
sin remedio."
Kier, el golem.
En lo que no pensé antes de renacer fue en que se regenerarían mis primeras deformidades. Junto con ese mentiroso nuevo cuerpo y esa mentirosa nueva alma con los que quise y pude engañarme, pero no así a ellas. Las primeras deformidades -sinceras y leales- ignoraron e ignorarían todo esfuerzo, cada uno de mis mentirosos nuevos intentos de ignorar el mundo. En cualquiera de los momentos del día que me sirva de mañana despertaría con ellas encima mío en lo que sea que me sirva de cama... No sé si es caridad o chasco de su parte el permitirme de vez en cuando recordar con cierta claridad algún sueño. De ese puñado señalo al que sigue como "aquél que más quise creer". Alcanza tal rango porque la sensación de irrealidad se extendía hasta el tipo de ánimo añorante que saboreé a lo largo de toda la cuaresma que siguió al episodio..
Como aquella sensación que nos engulle al apreciar repentinamente algo gratuito y que desecháramos hace tiempo, mis carceleras me dejaron correr por la piel durante todo un día el aire pesado de uno de esos sueños exagerada y absurdamente exigentes de creencia.
Caminaba dentro de una casa con paredes de ladrillos desnudos cuya rugosidad me abrazaba de lejos con verlos solamente; era de noche, con la mínima luz de un único foco alimentado y sostenido por una maraña de cables llenos de pelusa y telarañas pendiendo de una viga de madera del techo de la cocina a la que me dirigía. Soy pequeño, insignificante, mosquitos de normal pequeñez pero más fuertes que yo dan puñetazos a mis piernas reclamando sangre que encontraron insuficiente en la envoltura de mi cráneo y brazos. Van y vienen: piernas, brazos, frente, brazos, piernas, frente, piernas, brazos... no me pican. Llego a la cocina, hay una rudimentaria mesa de blanda madera vieja pintada de marrón, estoy sentado con un plato recién vacío, mis dos manos oscuras y pesadas tienen mi frente, una mujer pasa al lado mío sin percatarse (de mi cuerpo pequeño que me mira) y se me acerca (a mí, el que estoy en la mesa), y pregunta: "¿Ya está pasando, no?", a esto suelto mi cara para que ella pueda levantarla, mantengo los ojos cerrados (esto no lo ve mi cuerpo pequeño porque la mujer está en medio de ambos, pero lo sé porque yo sentado a la mesa no abro los ojos mientras mi esposa me examina). "Ahá... " respondo más con la resonancia de mi torso que con mi voz. Gira mi rostro a un lado, luego al otro, no veo su expresión, pienso en su respirar que no se escucha; con ayuda de uno de esos recuerdos caprichosos (al parecer inútiles pero que llegan a doler a veces) imagino que suspira. Suelta mi cabeza que se vuelve a depositar en mis oscuras y pesadas manos. Ella toma mi vaso y bebe un poco de vino, al dejarlo en la mesa abro mis ojos, veo su mano alejarse siguiendo al cuerpo que se va a la cama, no sé que tengo o que le falta a mi cara, qué lastimadura o marca "está pasando" (tal vez toda mi cara, vaya a saber uno hace cuánto desvaneciéndose). No sé más de esa casa, de mí o de mi esposa a parte del espejo que cuelga en la pared al lado del reloj cuyo andar sí escucho y no tengo ganas o suficiente valentía para moverme a usarlo. Mi pequeño cuerpo, que no veía lo que pasaba, había volteado la cabeza para oír al menos la conversación pero también me distraje con el reloj que me obligué a seguir mirando, con el espejo al lado, demasiado alto. Tengo tanta curiosidad como miedo, no quiero verme pero quiero que yo me levante de la mesa y agarre el espejo. Estamos inmóviles. Quiero quedarme angustiado y quiero quedarme en blanco. Mi esposa me llama desde la habitación, ya es tarde. Al decir mi nombre pide que me vaya de la casa (al pequeño del rincón con la nube de mosquitos) y que vaya junto a ella (al oscuro de la mesa). No sé nada de mí, ni de mi esposa, no quiero saber sobre la mesa, los ladrillos desnudos, ni sobre el espejo; no sé porqué pero quiero quedarme angustiado, quiero quedarme en blanco. Y no quiero despertar a pesar de haberme levantado hace horas, y en las semanas siguientes sigo sin querer despertarme. También en el sueño -donde se supone que por lo general tenemos lo que deseamos- mi angustia y mi mente en blanco eran inconvenientes, pero estaba en casa. Ese lugar del que no se nada, con alguien que desconozco, sin reconocerme ni necesitarlo. Y no me despierto y no vuelvo ahí ni acá nunca más.
Mis heridas, las que no reparo, de las que no me curo, son mías. Mi nombre es "Repetición". CiclicAthlon es mi deporte, el único cuya práctica no fortalece, sino todo lo contrario. Y es lo que me mantiene en forma, con vida, en el éter del hombre.

